Entrar Via

Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 788

Michelle la miró.

—Parece que vinieron a recogerte. Entonces, me retiro.

Celia asintió con una sonrisa.

—Está bien. Hasta luego.

Cuando Michelle se alejó, Celia caminó hacia el auto estacionado a unos pocos metros. Tomás se hizo a un lado para abrirle la puerta.

—¿Cómo sabías que estaba aquí? —preguntó Celia, acomodándose al lado de César.

Él guardó su celular en el saco y le respondió:

—Me dijeron en el instituto que estabas aquí.

—¿Fuiste a buscarme?

—Por supuesto —respondió él, tomando la mano de Celia para colocarla suavemente sobre su pecho—. Has estado trabajando como loca estos días. ¿Acaso no estás agotada?

Celia lo miró con sorpresa.

—La verdad, verte así tan comprensivo me resulta algo extraño.

Él entrecerró los ojos.

—¿Y cómo se supone que debería actuar?

—Antes habrías dicho: "Celia, no olvides que estás embarazada. Ahora mismo cancelas toda esa carga de trabajo, ¿me entendiste?" —Celia imitó su tono posesivo con tanta precisión que Tomás no pudo contener la risa desde el asiento delantero.

César se llevó la mano a la frente con una mezcla de vergüenza y resignación.

—¿Qué le pareció mi imitación, señor Herrera? —preguntó, acercándose a él con picardía.

—No vuelvas a hacerlo —dijo él, desviando la mirada con las mejillas ligeramente encendidas.

Celia le tomó la cara con ambas manos y lo obligó a mirarla a los ojos.

—Tranquilo. A partir de mañana voy a organizar mucho mejor mis horarios. No le va a pasar nada al bebé.

Él le sujetó con suavidad la muñeca.

—¿Crees que solo me preocupa el bebé?

—Yo no dije eso.

César recargó la mejilla en la mano de ella, buscando su calor.

—Lo único que me preocupa es que te exijas demasiado. Sé perfectamente lo importante que es este proyecto para ti, pero solo quiero que descanses cuando necesites, ¿de acuerdo?

Ya bien entrada la noche, Celia le marcó a Enzo para darle la buena noticia, aprovechando que en Ficus ya era de mañana. Al escuchar los avances del proyecto, Enzo se emocionó hasta las lágrimas.

—Celia, hija mía, no tengo palabras para agradecerte lo que estás haciendo.

—Papá, ustedes siempre se han desvivido por mí. Esto es lo mínimo que puedo hacer por mamá. No tienes que agradecerme nada.

—Tienes razón, somos familia —dijo Enzo, limpiándose las lágrimas—. Perdóname, es que la emoción me ganó. Tener una hija como tú me llena el pecho de orgullo.

—Papá, ¿estás llorando?

—Para nada, son lágrimas de pura felicidad.

Celia no lo contradijo y le siguió la corriente.

—Claro, de pura felicidad. Oye, papá, ¿tienes algún requisito en mente para tu futura nuera?

Enzo estaba desconcertado del otro lado de la línea.

—¿A qué viene esa pregunta tan de repente?

—Es que quiero presentarle a alguien a Ben y quería saber primero tu opinión.

—Yo no tengo ninguna exigencia. Con tal de que a él le guste y la quiera, me basta. El problema es que él es sumamente exigente. Le he presentado a varias muchachas y a ninguna le ha hecho el menor caso. ¿Crees que le gustará la que tienes en mente?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró