Unos días después, el equipo de Vinny retiró formalmente su inversión y la empresa de la familia Linares canceló sus planes de cotizar en la bolsa de Montelva. Al saberse la caída definitiva de los Linares, la gente de su círculo por fin pudo respirar con tranquilidad. Quienes habían sufrido el acoso y los abusos de Tristán celebraron el desenlace, y Valentino tampoco volvió a molestar a Salma.
Ella caminaba por el pasillo del edificio de Bellas Artes cuando oyó a un grupo de alumnas murmurar a sus espaldas:
—¿Qué clase apoyo tendrá Salma para haber logrado derrumbar a la familia Linares?
Salma se detuvo bruscamente. Reconoció la voz de Amy al instante.
—Ahora tiene un protector mucho más poderoso que Tristán. Seguro que es el top donador de su canal.
—¿En serio? ¿Ese donador será su respaldo?
—¿Lo has visto? ¿Cómo es?
Las demás, carcomidas por la curiosidad, rodearon a Amy. Ella dudó un segundo. No estaba del todo segura de si el hombre que había visto con Salma era su patrocinador, pero fuera quien fuera, envidiaba la suerte que tenía. Se mordió el labio y, para no quedar en ridículo frente a las demás, inventó:
—Es un viejo horroroso.
—¿En serio?
—¿Y ella aceptó irse con un viejo por dinero? —se burlaron entre risas.
Una de las chicas levantó la mirada y descubrió a Salma parada a pocos metros. Perdió su sonrisa en el acto y le dio un empujón disimulado a las demás. Amy, al girarse y verla, sintió un escalofrío por la espalda, pero disimuló el susto fingiendo naturalidad.
—Salma, ¿qué haces aquí?
Amy palideció de golpe.
—¡Pura mentira!
—Tú sabes perfectamente si miento o no —dijo Salma, contundente—. Te quedaste con un montón de los regalos costosos que Tristán me enviaba. Si sumamos todo, sobrepasa los miles de dólares. ¿Acaso te culpé de algo en su momento?
Al escucharla, las demás intercambiaron miradas. Ahora miraban a Amy con desprecio, como si fuera una vividora que se dedicaba a recoger las sobras que otros rechazaban. Ella quiso replicar hecha una furia, pero Salma la cortó con firmeza:
—No tengo ningún benefactor. Tristán está pudriéndose en la cárcel porque él así se lo buscó. Y si vuelvo a escuchar que inventas chismes estúpidos sobre mí, te voy a demandar por difamación.
Dicho eso, se dio media vuelta y se alejó sin mirar atrás. Amy quedó inmóvil en medio del pasillo mientras las chicas que antes le celebraban el chisme inventaron cualquier excusa para dejarla sola.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró