Ya era tarde. Celia, después de bañarse, estaba recostada en la cama con la tablet en las manos. Un golpe suave en la puerta la hizo levantar la mirada.
—Está abierto —dijo ella, sin quitar los ojos de la pantalla.
Salma abrió la puerta y asomó la cabeza. Llevaba su almohada bajo el brazo y se tumbó en la cama de Celia.
—Pensé que ya estarías dormida —dijo, instalándose a su lado.
—Te estaba esperando —respondió Celia, dejando la tablet a un lado—. Querías saber mi historia, ¿no?
Salma acomodó la almohada y sonrió.
—No te quejes de mi curiosidad. Me lo prometiste.
Se recostó a su lado y se preparó para escuchar. Celia no sabía bien por dónde empezar. Sus dedos trazaban distraídamente el borde de la tablet. Al final, habló:
—Pues empezaré por el día en que lo conocí…
Eran ya altas horas de la madrugada cuando Ben bajó a la cocina a buscar un vaso de agua. Un resplandor cálido se filtraba por la rendija de la puerta de la habitación de Celia, dibujando una línea dorada en el suelo del pasillo.
Se detuvo en el descanso de la escalera con el vaso en la mano y caminó hacia la habitación de Celia. Al llegar, oyó el murmullo de voces en el interior. La voz de Celia era suave y pausada, era como si estuviera contando un sueño lejano. De vez en cuando, el relato se interrumpía con la risa contenida de Salma y sus preguntas curiosas.
Se quedó quieto unos segundos escuchando, luego negó con la cabeza y esbozó una sonrisa. Se dio la vuelta y regresó a su cuarto.
***
Valentino se enteró de lo ocurrido y regresó de inmediato.
—Papá, ¿qué pasó? ¿Por qué detuvieron a Tristán?
Rodrigo estaba sentado en el sillón con una mano en la sien. Su cara reflejaba una profunda preocupación y su cabello lucía mucho más blanco que antes.
—Sabía que su carácter impulsivo nos traería problemas. ¡Debería haberlo controlado a tiempo! No puedo creer que haya hecho algo tan estúpido.
Mientras tanto, César y Vinny cenaban en una bodega privada. El mesero retiró los platos y les sirvió dos copas de vino tinto. Vinny dio unos ligeros toques en el borde de su copa con el dedo mientras hablaba:
—Ya les retiré mi inversión a la familia Linares. Es una lástima, de verdad tenía muchas ganas de colaborar en la investigación sobre medicina tradicional.
César no respondió de inmediato. Hizo girar la copa lentamente, observando las lágrimas que el líquido dejaba en el cristal.
—¿En serio? —Vinny se animó al instante—. He oído hablar mucho de su empresa. Tienen tecnología de vanguardia respaldada por su país. Hace tiempo que buscaba colaborar con usted, pero su abuela no tenía planes de expandirse al mercado internacional. —Bebió un sorbo de vino—. ¡Ese proyecto me interesa muchísimo!
César, con un tono de voz tan bajo que casi se mezclaba con la música de jazz de fondo, contestó:
—Entonces mañana envío a alguien para revisar los detalles. ¿Le parece bien?
—¡Trato hecho! —Vinny dejó la copa sobre la mesa con decisión—. Mañana mismo podemos negociar.

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