Entrar Via

Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 775

Dicho esto, Ben se levantó y recogió la línea de la caña. El anzuelo había atrapado un pez que no era más grande que la palma de una mano. Lo desenganchó con cuidado y lo devolvió al agua.

—Entonces respóndeme —insistió Soren, sin apartar la mirada de él—. Solo quiero saber quién es tu cuñado.

Soren lo observaba muy fijamente, con la curiosidad ya despierta, estaba decidido a no rendirse hasta obtener una respuesta.

Ben miró el flotador que se mecía en la superficie del agua. Con la yema del dedo, golpeó suavemente la punta de la caña. Iba a contestarle cuando una llamada interrumpió el momento. Al ver que se apartaba para atender el celular, Soren chasqueó la lengua con fastidio, insatisfecho por no haber conseguido lo que quería.

***

Varios días después, Celia acompañó a Salma a la residencia estudiantil para recoger sus pertenencias. Cuando ya casi habían terminado de empacar todo, Amy llegó. Al ver la cama de Salma casi vacía y las bolsas y maletas alineadas en el suelo, se sintió confundida.

—¿Te… te vas a mudar? —preguntó con evidente sorpresa.

—Así es —respondió Salma sin dudar ni un instante.

Celia se giró para mirar a Amy. Le pareció familiar y la observó con atención. Mientras la escuchaba hablar con Salma, recordó dónde la había visto: en el restaurante, aquella vez que las muchachas hablaban a sus espaldas.

Entonces comprendió que, ese día, la persona de la que hablaban con desprecio era Salma. Por eso, cuando Amy la saludó, Celia se limitó a responder con un gesto frío de cortesía, sin mostrar el más mínimo interés en entablar conversación.

Cuando el auto llegó para recogerlas, Celia y Salma bajaron todo el equipaje al vehículo.

—¿Esa era tu compañera de habitación? —preguntó Celia, mientras cerraba la cajuela.

—Sí. ¿Por qué? —respondió Salma, curiosa por el tono de Celia.

Celia no quiso contarle lo que había oído en el restaurante. No valía la pena mencionarlo, ya que no había sido nada agradable.

—Nada. Solo me da la impresión de que no es una persona con la que se pueda tener una amistad profunda.

Salma no esperaba ese comentario, pero, pensándolo bien, era cierto que, más allá de compartir habitación, no tenían mucho en común ni una verdadera amistad.

Celia y Salma levantaron las manos lentamente. Los hombres les pidieron sus celulares, pero no sus carteras ni tarjetas de crédito. Les dijeron que las llevarían a un lugar, pero no especificaron a dónde.

Las dos intercambiaron una mirada de preocupación.

—¿Alguien les pagó para hacer esto? —preguntó Celia, intentando sonsacar información.

—No hagan preguntas innecesarias —respondió uno de los hombres, cortando cualquier intento de conversación.

Celia tomó aire profundamente. No les quedó de otra más que esperar y confiar en que no les harían daño. Antes de llegar al destino, les vendaron los ojos con pañuelos oscuros. El auto avanzó a tirones por caminos irregulares. Celia solo podía orientarse por el tacto del asiento y los movimientos del auto, pero no lograba reconocer el camino.

Cuando finalmente llegaron, las bajaron del auto con brusquedad. Al quitarles las vendas, parpadearon varias veces hasta acostumbrarse a la luz. Entonces, se dieron cuenta de que estaban en un túnel abandonado. Las paredes estaban llenas de grafitis de colores.

Al mismo tiempo, podían ver a unos jóvenes tatuados en motocicletas, levantando la rueda delantera mientras circulaban. En las esquinas, varios drogadictos se inyectaban con jeringuillas, completamente ajenos a su presencia. También había tres mujeres más, que las miraban con indiferencia.

En fin, el lugar era sórdido, oscuro y aterrador.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró